martes, 11 de enero de 2011

El mundo




                         El mundo
   Un hombre del pueblo de Neguá, en la costa de Co-
lombia, pudo subir al alto cielo.
   A la vuelta contó. Dijo que había contemplado desde
arriba, la vida humana.
   Y dijo que somos un mar de fueguitos.
   -El mundo es eso -reveló- un montón de gente, un mar
de fueguitos.
   Cada persona brilla con luz propia entre todas las
demás.
   No hay dos fuegos iguales. Hay fuegos grandes y fue-
gos chicos y fuegos de todos los colores. Hay gente de
fuego sereno, que ni se entera del viento, y gente de fue-
go loco que llena el aire de chispas. Algunos fuegos, fue-
gos bobos, no alumbran ni queman; pero otros arden la
vida con tanta pasión que no se puede mirarlos sin par-
padear, y quien se acerca se enciende.



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